viernes, 17 de julio de 2009

Pequeña rapsodia vengativa

Cuando nos empiezan a pasar de verdad,
las letras de las canciones ya no tienen tanta gracia.



El mundo entero simplemente se detuvo ahora; así que decís que ya no querés que estemos juntos. A veces creo, creo que comprendo... el miedo en el muchacho, y en el hombre el fuego. Pero la bruma nubló mi mente en el aturdimiendo del porqué nunca habría podido ser. Y yo conduje a tu lado, conduje a tu lado hasta que me perdiste de vista en el espejo retrovisor, hasta que me perdiste ahí, en la carretera. Amaba tus lugares secretos; pero ya no puedo ir. Quizás no estoy acostumbrado a los quizás; quizás es tiempo de decir adiós.
Vamos a ver cuán valiente eres. Vamos a ver cuán rápido estarás corriendo, cuando estés mojado sólo por la lluvia. Creo que hay partes de mí que nunca has visto.

Podés decirme que se acabó y se acabó, pero ¿podés resistir?

Ya vimos cuán valiente sos.


(All the world just stopped now; so you say you don't want to stay together anymore. Sometimes I think, I think I understand... the fear in the boy and the fire in the man. But haze all clouded up my mind in the daze of the why it could have never been. And I rode alongside, I rode alongside 'til you lost me in the rear view, 'til you lost me there, in the open road. I loved your secret places; but I can't go anymore. Maybe I'm not used to maybes; maybe it's time to say goodbye.
We'll see how brave you are. We'll see how fast you'll be running, when you're only wet because of the rain. I think there are pieces of me you've never seen.

You can tell me it's over and over, but can you stand?

We've seen how brave you are.)



domingo, 5 de julio de 2009

La política del sigilo


sigilo. (del lat. sigillum). Silencio cauteloso.

La mayor parte del tiempo vivimos en exterioridad. Nos guiamos por lo que los demás dicen de nuestra forma de ser y de nuestras acciones, y por las expectativas que proyectamos a partir de eso que conocemos de nosotros mismos a través de la mirada del otro. Hay muchas maneras de vivir en la exterioridad, pero la indiscutible reina de todas ellas es la vía del lenguaje. Hablar es proyectar el pensamiento hacia el mundo. Hablar es sintetizar en exterioridad. El lenguaje es plástico, sofisticado, bello, flexible y útil en extremo, pero como bien lo sabía Spinoza, no por ello deja de ser un producto de la imaginación. "El que habla no sabe, y el que sabe, no habla".
Supóngase que usted desea algo con mucha intensidad. La fuerza de su deseo sostiene todas sus acciones (secretamente, el deseo es lo que constituye su esencia). La potencia que usted ejerce a partir de su deseo es una potencia intensiva, esto es, una intensidad no mensurable; no se le puede asignar un número ni una medida, no hay reglas ni termómetros que se le ajusten. Lo intensivo es aquello que sólo admite variaciones de grado, pero esas variaciones no son determinables como si fuesen unidades separadas entre sí. Lo medible pertenece al ámbito de lo extensivo: por ejemplo, la velocidad con la que usted corre o la energía que enciende una lamparita. La potencia del deseo, en cambio, es a la vez singular e indeterminada, está precisamente aquí, en su cuerpo, pero desde otro punto de vista no está en ninguna parte, pues define el campo mismo del Ser.
Entonces, usted desea al mismo tiempo (pero no son lo mismo) intensivamente y con mucha intensidad. Ahora bien, ¿qué es lo que suele sucederle? Que exterioriza la fuerza de su deseo, hace extensiva la potencia que usted, intensivamente, era. ¿Cómo logra esto? Principalmente a través del lenguaje. Usted habla de su deseo, lo narra de mil maneras y lo viste con mil ropajes, especula sobre él, se ilusiona, con cada oración que le dedica le añade una dosis de entidad exterior y facticia. En cada par de oídos que lo escuchan, usted coloca un nuevo cimiento de una construcción fantasmal. ¿Significa esto que el deseo, al pasar al plano de lo extensivo, ha disminuido su fuerza? No necesariamente, sino más bien lo contrario: al exteriorizarse y perder su carácter intensivo, el deseo se intensifica. Puesto afuera, queda a merced de los encuentros mundanos. Entiéndase bien, con "exteriorizar el deseo" no nos referimos a su concreción fáctica (por ejemplo, cuando un artista crea una obra o, más en general, cuando alguien concreta un proyecto), sino a la conversión radical que, por medio del lenguaje, transporta la potencia de cada ser del plano intensivo al extensivo, de la esencia unívoca a la existencia equívoca (sería inexacto hablar de un pasaje de lo "interno" a lo "externo", pues ambos planos caen fácilmente en el ámbito de lo extensivo). Pretender aferrar el mundo, querer controlar, poseer y regir: he ahí los modos paradigmáticos, según Lao Tsé, de la exteriorización del deseo.
Recapitulemos. Usted desea, usted exterioriza e intensifica su deseo. ¿Qué sigue? Muy probablemente, la potencia de su deseo será entonces desparramada por el mundo (en el doble sentido de la preposición por), se irá perdiendo como si fuera arrastrada por un fuerte viento que usted no puede controlar. En el mejor de los casos, usted no alcanzará lo que desea. En el peor de ellos, lo que desea le será a la vez ofrecido y retirado en un irónico cachetazo del destino. Las configuraciones posibles de la existencia desgraciada son innumerables; detrás de ellas, se esconde siempre lo que he llamado aquí la exteriorización del deseo, la exteriorización ciega de nuestra potencia. All we need to do is make sure we keep talking.

*

Existe algo llamado la política del sigilo. En ella sucede lo contrario a lo que acabamos de describir. Usted desea, intensa e intensivamente; pero ahora elige callar su deseo. Callar no quiere decir sofocar, pues su deseo está ahí (nunca podría dejar de estarlo), pero ahora le pertenece por completo, es conducido por sus propios impulsos, encuentra una expresión y una acción auténtica que parten de usted y de lo que usted siente. Es posible entonces que usted logre algo, que alguno de los caminos del mundo comience a abrirse bajo su paso pequeño. Un camino de mil millas comienza con un paso. No nos referimos a ningún estado de gracia o de excepción; simplemente, el mundo abre un camino, y usted se encuentra de repente (para su sorpresa o no) transitándolo livianamente, del mismo modo que, al caminar en una estación de trenes atestada, esquiva inconscientemente a los que van delante de usted sin calcular jamás sus pasos y sin tropezar una sola vez. En este punto, usted tiene nuevamente la opción: puede callar su potencia, conducirla con la cautela del sigilo, o levantar el teléfono y conducirla hacia afuera. Si lo último, entonces deberá afrontar las consecuencias de la exteriorización: los engranajes de su mente comenzarán a correr nuevamente y reclamarán con ansiedad el aceite de la palabra. Pero si elige callar, si elige conservar lo interno y dejar a un lado las palabras enrevesadas, es posible que su paso siga firme. En todo caso, su potencia le pertenecerá en un grado mucho mayor que si la lanzara a diestra y siniestra, y conservándola con usted y dejándola actuar aprenderá de cuánto es capaz, qué es lo que actualmente puede hacer y qué no. Las muchas palabras expanden momentáneamente el deseo como un globo de aire caliente; pero su ascenso inevitablemente conduce al enfriamiento y a la caída. El silencio, en cambio, conduce el deseo con mano de agua. El kairós, el momento oportuno de los griegos, no es en verdad el fruto de una mente implacable que calcula, sino el punto inextenso en que la potencia de un ser particular y el mundo coinciden.
La política del sigilo no es infalible. No hay ninguna fórmula mágica: las fórmulas mágicas se detectan fácilmente, pues prometen resultados milagrosos bajo la máscara de una falsa interiorización: si usted piensa positivamente en un millón de dólares, tendrá un inmenso deseo exterior de un millón de dólares. Nada más lejos de la verdadera intensidad. La verdadera intensidad es silenciosa. La verdadera intensidad es cautelosa, pero camina con los pies del Mundo y avanza danzando sobre sus blandos pilares. La política del sigilo puede fallar, pero aún su fracaso esconde en su seno un nuevo triunfo: el acceso a lo intensivo. La política de la voz incauta falla más cuanto más triunfa, pues todos sus caminos conducen tarde o temprano al encuentro fatal con una fuerza que la supera.

Caute. Tal es la enseñanza conjunta de la rosa y del Camino.


jueves, 18 de junio de 2009

Secuencia


10/06/09

Camina hacia el abismo, "careless, otherless, like Autonomy's twin". Luego se detiene, abre los ojos y cierra su mente, se aferra, especula, desea lo que no puede tener mientras teme perder lo que no tiene, coarta la espontaneidad original y deja de confiar en la peligrosa dinámica del Mundo. Y entonces, trágico engendro, nace de estos dos aquel que comprende perfectamente el mecanismo pero es incapaz de ejercitarlo, el que decide no actuar fingiendo la liberación, el que sólo ve las cárceles cuando están allá, lejos.

"Del dicho al hecho, hay gran trecho".
Por eso mejor no digo más nada.

jueves, 2 de abril de 2009


Cuando yo nací, habían pasado apenas dos meses y diez días desde que Alfonsín asumiera la Presidencia. Desde que supe eso, siempre sentí una emoción difícil de explicar, mezcla de orgullo, ansiedad y esperanza, al pensar que yo soy un hijo de esa democracia flamantemente recuperada tras una noche de horrores y torturas. A Alfonsín le corresponde también el primer recuerdo que conservo de un Presidente; yo tenía tan sólo cuatro o cinco años, pero siempre retuve en mi memoria una imagen, algo imprecisa pero segura, de su rostro en la pantalla de la televisión. Aun cuando a esa edad apenas sabía confusamente que ese señor de bigote era "el Presidente", y nada más.

Me enteré de su muerte hoy por la mañana, mientras viajaba en el tren, mirando el diario de una mujer sentada en los asientos de enfrente.

En mi entorno familiar y personal, en los ambientes, medios y opiniones que constituyeron mis actuales representaciones del mundo, siempre se lo valoró, a pesar de las posibles críticas a sus acciones de gobierno, como una figura positiva, vinculada a la democracia como valor fundamental. Y esa valoración adopté también yo.

La visión de las miríadas de personas haciendo cola ante el Congreso me llena de un sentimiento difícil de explicar, aquel que experimento cuando estoy en presencia de esos raros momentos históricos en los que el pueblo expresa, a un mismo tiempo su dolor y la reivindicación de valores e ideales políticos.

Aun cuando cabe pensar que no todos los que hoy hacen esa cola o elogian al fallecido ex presidente en los medios están siendo genuinamente coherentes con sus opiniones pasadas, no puedo dejar de sentir que esos miles de personas homenajeando a Alfonsín son una señal profundamente positiva, un síntoma de conciencia de un pueblo que no quiere más represiones ni autoritarismos políticos, que no quiere más depredaciones económicas ni comandos culturales que vociferan lo Bueno y lo Decente mientras el Asesinato estatal, la ejecución y la tortura organizadas silencian todas las voces disidentes e implantan el miedo en las conciencias. Tras este duelo común subyace aun a mi entender una sociedad profundamente dividida en sus proyectos y valoraciones; pero ese duelo común no puedo sino verlo con esperanza.

lunes, 20 de octubre de 2008

Tributo



“In each of us there burns the soul of a warrior. In every generation, a few are chosen to prove it. Centuries ago, in a time of darkness and fury, that fate befell three strangers: a monk, Kung Lao; an exiled guard, Siro; and a thief, Taja, who have to defend our Earth Realm from the forces of Outworld. By fighting for their lives... by fighting for their honour [‘your soul in mine’]… and by fighting for their Realm [‘it is the burden you must carry’]. In a tournament called… Mortal Kombat”

“En cada uno de nosotros arde el alma de un guerrero. En cada generación, unos pocos son elegidos para demostrarlo. Centurias atrás, en tiempos de oscuridad y de furia, ese destino sobrevino a tres extraños: un monje, Kung Lao; un guardia desterrado, Siro; y una ladrona, Taja, quienes deben defender nuestro Reino de la Tierra de las fuerzas de Outworld. Peleando por sus vidas… peleando por su honor [‘tu alma es mía’]… y peleando por su Reino [‘es la carga que debes soportar’]. En un torneo llamado… Mortal Kombat”

---------------------

Esto es un homenaje. Un homenaje con mucho sentimiento, con mucho afecto. Quizás suene algo raro que yo esté aquí homenajeando, a diez años de su lanzamiento, a una serie como Mortal Kombat Conquest (1998) – una simple serie “de pelea”. Pero no lo es. Tengo una y mil razones para amarla. Así que a los escépticos les pido que suspendan por un momento la racionalidad o el sarcasmo; pues estoy convencido con todo mi ser de que el amor por lo fantástico y lo irreal puede ser tan fuerte como el amor por lo “existente”.

¿Por dónde empezar? Quizás contando que conocí Mortal Kombat Conquest cuando tenía más o menos 15 años. La pasaban los fines de semana a la tarde, por Warner Channel; yo la miraba mientras tomaba la leche, y muchas veces mi hermano mayor la miraba conmigo y también la disfrutaba a su manera, él, que no suele prenderse en este tipo de imaginarios. Pero la miraba, y le gustaba. Hace poco descubrí que todos los capítulos fueron subidos a Youtube (cuándo no), y comencé entonces una fascinante experiencia de regreso a lo que nunca se fue, es decir, un gozo potente y sin nostalgia: porque no volví a ver los 22 episodios de MKC como quien relee una vieja carta de alguien que ha muerto, sino que directamente entré en su dinámica de seducción y peligro, pues el tiempo en verdad no ha pasado, desde esos domingos de gloria hasta estas medianoches de gloria, frente a la Pc.

¿Y qué es MK Conquest, después de todo? Se trata de una serie basada en el conocido videojuego de pelea ‘Mortal Kombat’ y su particular mitología. Pero esta serie tuvo la gran virtud de que, tomando lo mejor del juego, se atrevió sin embargo a alterar las historias e introducir nuevos y cautivantes personajes. La serie era producida por la Warner y TNT, y en su primer año fue exitosa, pero lamentablemente (o quizás no) decidieron cancelar la segunda temporada por los elevados costos de producción. Así fue como el final de la primera temporada quedó como “el” final. Y por eso es que afirmo: quizás no fue lamentable que la serie haya sido cancelada. Pues ese final, diseñado para atrapar a los televidentes hasta el retorno de la segunda temporada, al quedar como final absoluto revaloriza toda la historia y la hace cambiar por completo de sentido – en un sentido que me encanta.

¿Y de qué se trata MKC? Se trata de las aventuras y los desafíos que debe enfrentar Kung Lao (Paolo Montalban), antiguo antepasado de Liu Kang y vencedor del último Mortal Kombat, junto a sus dos nuevos amigos, Siro (Daniel Bernhardt) y Taja (Kristanna Loken). La historia se sitúa en una época remota e indefinible – y ya veremos que la indefinición, la brumosidad y lo engañoso son la misma esencia de la serie -; Kung Lao ha ganado el último Mortal Kombat, combate legendario decretado por los Dioses Mayores (Elder Gods) para regir el destino del Reino de la Tierra. La realidad no es una, sino múltiple: numerosos Reinos paralelos coexisten en este Universo bajo la égida de los Dioses Mayores. Y algunos Reinos, ávidos de poder, conquistan y subyugan a otros. El Reino de la Tierra, lleno de energía, vibrante de vida, y punto de encrucijada hacia todos los Reinos, ciertamente es una conquista tentadora. Por eso los Dioses Mayores decretaron que sólo aquel Reino cuyos mejores guerreros lograran derrotar a los de la Tierra en Combate Mortal, tendría derecho a la conquista. Así, la Tierra tuvo asegurada una oportunidad de defensa digna y en condiciones de igualdad.

Kung Lao, pues, ha ganado el último Mortal Kombat, derrotando a Shang Tsung, hechicero predilecto de Shao Kahn, el emperador de Outworld – uno de los Reinos más vastos y poderosos de todos, forjado con los despojos de innumerables Reinos conquistados. Y la ambición de Shao Kahn es grande, siendo la Tierra su principal objetivo. Al derrotar a Shang Tsung, Kung Lao pudo haberlo matado según las reglas del Combate; pero sin embargo, este monje eligió la Piedad para su enemigo. Shang Tsung será, entonces, el primer enemigo (y también, en cierto sentido, el más leal) de una larga lista por venir.

A su regreso a la Tierra, Kung Lao debe buscar nuevos guerreros para entrenarlos y garantizar así la continuidad de la defensa de la Tierra. Él mismo no envejecerá hasta el próximo torneo, según han decretado los Dioses Mayores. Pero ahora Kung Lao piensa también en concretar sus sueños de felicidad terrena en el Reino que él mismo salvó de las garras de Outworld: entre ellos, el de casarse con su hermosa novia, Jen. Sin embargo, al pedir la mano de Jen, Kung Lao se encuentra con el primer gran obstáculo… Y al mismo tiempo, con los que serán desde entonces sus leales compañeros de lucha y discípulos: Siro y Taja. Cómo ocurre esto, se los dejo a ustedes el averiguarlo.

¿Y qué es lo que me gusta tanto de esta serie? ¿Por qué la amo con la pasión irrazonable de quien sabe que ciertos afectos, en el fondo, no pueden explicarse? Pues bien, he aquí algunas razones.
La primera de ellas es el espíritu general de la serie, lo que yo veo como su tema o esencia. Sus 22 episodios representan para mí nada más y nada menos que un gran escenario donde se juega el juego incansable del Poder, el Sexo y la Traición. Todos los personajes están atravesados por propósitos que los exceden y que los llevan a necesitar la alianza con el otro – pero siempre para destruir a un tercero. Y sin embargo, nada es seguro ni sólido; las alianzas se traicionan, los enemigos de hoy pueden ser los amigos circunstanciales del mañana. Ni en las callejuelas abigarradas de Zhu Zin, la ciudad donde residen Kung Lao y sus amigos, ni en las planicies desoladas de Outworld, ni en las cavernas resbaladizas de Zaterra, ni en los despojos esperanzados de Edenia, nada es lo que parece ser. Nunca fue menos cierto eso de que “los amigos de mis amigos son mis amigos”, o “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”. El engaño, la perfidia, la mentira y la verdad que no puede revelarse, el equilibrio siempre inestable del poder en su estado más crudo, son cuestiones que la serie expresa con un encanto fascinante.
Y por supuesto, el Sexo. El sexo siempre presente, sutil o grosero: utilizado como arma de seducción para alcanzar los propios intereses, o ejercido como brutal dominio sobre el cuerpo y la voluntad del otro. La cadena de abusos y violaciones (que nunca se muestran directamente, pero que siempre se insinúan y son aludidas) entre los diferentes personajes muestra cómo el poder y el sexo pueden ir de la mano, con resultados siniestros. Y además del sexo como arma y como humillación, las maravillosas expresiones del erotismo ostentoso que muchos personajes llevan en sí, al mejor estilo Playboy – pues la serie abreva de todos los clichés de Hollywood rescatándolos en lo que tienen de calidad, una combinación rara de virtudes, la de recurrir siempre a estereotipos conocidos, pero llevándolos a su consecución más lograda y por lo tanto, redimida – decía, recordemos solamente a Omegis, la ambiciosa, hermosa y ninfómana hechicera y antigua amante de Shang Tsung: Omegis buscó desde siempre la llave de la juventud eterna, para poder celebrar el gozo de la vida con un cuerpo siempre fresco, haciendo el amor sin marchitarse hasta el fin de los tiempos. Y sin embargo, condenada a la Inmortalidad por sus traiciones, Omegis se convierte a lo largo de la serie en alguien que desea la muerte, una verdadera Sacerdotisa de y hacia la Muerte, la puerta final a la última morada (“Can’t you feel it? It’s Death, Kung Lao, wonderful Death. Don’t fight it; embrace it, enjoy it! We’ll soon be free”). Pero nuestro tema era el sexo (es difícil no dejarse llevar por la estela de los personajes, por su voluptuosidad de carácter): recordemos entonces también a Kiri y Ankha, las dos mujeres-lagarto de Zaterra que se caen de fiesteras y lesbianas que son, tan encantadoras como por momentos insoportables en su avances juguetones. Aun Rayden, Dios del Trueno y Protector del Reino de la Tierra, quien guía a Kung Lao y sus amigos a lo largo de la serie, sucumbe ante el poder del sexo: pues en uno de los últimos capítulos, cuando el Mundo se está acabando, lo vemos borracho, conquistando a una hermosa joven, y directamente utilizando la casa de Kung Lao cual bulo porteño.


Escenas memorables: como la conversación entre Kitana y Shao Kahn en el episodio 5, "The Essence" ("You remain my daughter". "Daughter, not lover". "Obedient, I Hope". "Always, Emperor"); o como el patético gesto de la agobiada Mileena, que sucumbe al placer y olvida hasta las amenazas de Shao Kahn, con tal de sentirse amada por alguien, y de olvidar aunque sea por un momento la inmunda fealdad de su rostro.

Las intros que nos ubican en cada escenario (Zhu Zin, Outworld, las Minas de Cobalto, Zaterra, etc.), con sus músicas características. La estética recurrente que nos envuelve hasta hacernos sentir familiariazados con cada mundo. Apenas un lugar común para cada Reino, pero ese lugar común dispara la imaginación como un gatillo.

¿Qué más? Algo ya dije antes: los personajes. No sólo las actuaciones (que a mi parecer son muy buenas, justamente porque explotan bien el cliché), sino los PERSONAJES en sí. Para mí, son sublimes. La magia del estereotipo hace que cada uno condense perfectamente sus cualidades, generando espejos donde podemos vernos a nosotros en nuestras fantasías y nuestras obsesiones. Sólo puedo hacer aquí un breve recuento, pero debo y quiero decir unas líneas recordando a algunos de los personajes destacados: la ya mencionada Omegis; Reptile, el general de ojos fríos con quien sin embargo simpatizamos cuando lo vemos caminar en la cuerda floja de la doble alianza y la traición; Tomás, quizás el guerrero más poderoso de toda la serie, envuelto hasta el final en la duda de los otros, pero siempre seguro ante sí mismo (y cómo lloré con su historia, cómo se ahondó en mí entonces el sentimiento de la necesidad sin límites al ver las lágrimas de Taja, y el gesto de Rayden: un dios acariciando la mejilla desconsolada de un mortal); Quan Chi, el necromante irónico y calculador, morbosamente obsesionado con los muertos; Kitana, la hijastra infiel, apartando la mano incestuosa con gesto de acero una y otra vez; Sub-Zero, el Ninja de recuerdos prohibidos, renegado por los suyos y por el mundo, errante por la tierra como el viento sin raíces. Y claro, los “buenos”, que también llevan en sus almas la oscuridad: Taja, graciosa, franca, todo menos tonta; Siro, fuerte y valiente, y tan orgulloso como leal; Kung Lao, el piadoso, el justo, el que es responsable a ultranza, cuyas virtudes son tan fuertes como el anhelo de matanza que lleva dentro de sí y que constantemente reprime. A ellos tres, los protagonistas, unos los va queriendo a medida que los conoce.

Y, hacia el final, quiero mencionar a los personajes más grandiosos:

Un Shao Kahn excelente, interpretado como los dioses, el Emperador loco y ardiente de furia, temido por todos, cruel, despiadado, cuya desconfianza y recelo se van incrementando de a poco, en un in crescendo que conduce al paroxismo de la locura y la muerte. Shao Kahn, gritando como un demente en los pasillos de su palacio, persiguiendo con espumarajos de rencor al traidor que nunca aparece pero que debe estar ahí, en alguna parte. Una sóla palabra arde en los labios de Shao Kahn: venganza. (You will bow to me).

Kreeya, la Emperatriz, Semilla viviente que viaja ente los Reinos, versión femenina de Shao Kahn quizás, pero como un espejo invertido; Kreeya, Madre de Todas, Reina de la Colmena, seductora sutil y estratégica, dulce, fuerte y diplomática. El encanto de su promesa de bienaventuranza sólo es superado por el horror de su forma: oh, Kreeya traerá la paz perpetua a tu Reino, sí – una paz que acabará con tu raza, mejorándola infinitamente a fuerza de absorberla en la Semilla perfecta de su propia especie. La aparición de Kreeya en el episodio 16 marca un quiebre en la serie, pues introduce un nuevo eje de poder que hace peligrar el balance de Shao Kahn – a partir de Kreeya es cuando las redes de alianzas existentes, de por sí precarias, colapsan para crear redes nuevas, inestables en extremo, pero por eso también más cautivantes. (Y la frutilla del postre: Kreeya es argentina!!! Jaja, efectivamente Fabiana Udenio, la actriz que la interpreta, es nacida en Buenos Aires).

Shang Tsung, otro personajón, el hechicero de origen mortal, traidor de la Tierra, que debe robar almas para subsistir. Malvado, malvado, cruel y malvado, pero ya lo queremos de tanto verlo en sus maquinaciones. Más orgulloso que Quan Chi, pero también más astuto. Violento y definitivamente sin compasión. Humillado doblemente, ante Shao Kahn y ante Kung Lao, a quien debe su vida tanto como el castigo de se reclusión forzada en las minas de cobalto; desde su celda, maquinará mil veces la muerte de aquel a quién más odia, pero siempre con suficiente frialdad como para calcular también el beneficio neto de su venganza. Shang Tsung es ambicioso en extremo, y es el único que ha visto directamente en el alma misma del Emperador.

Y, finalmente, Vorpax. No podía sino dejar para el final al personaje más grosso de todos. La mejor de las espías, al servicio de todos, pero principalmente de sí misma. Pérfida. Inteligente. Maliciosa por demás. Sencillamente encantadora. En ella confluyen a mi juicio los motivos principales de MKC. Interpretada soberanamente por Tracy Douglas, sus escenas con su colega de prisión, Shang Tsung, son todas memorables – en ellas se conjugan el odio, la servidumbre y el sometimiento, la conspiración, y el engaño (“Then why are you here? inquiere Taja. “Deception… Self deception” responde Vorpax, y me pone la piel de gallina). Y hacia el Final, también Vorpax revelará facetas insospechadas… Y aun más encantadoras, si se le puede pedir algo así.

Y todo esto en una trama que se va desarrollando cada vez con más coherencia, anudando cabos, hasta llegar al Final… un final que no contaré, claro. Sólo diré que a lo largo de la historia, cuando los acontecimientos se precipitan, cuando ya nadie, ni quiera los Dioses, saben qué sucederá en el futuro, uno se compenetra, y corre con los personajes y teme con ellos, calcula las encrucijadas con ellos y con ellos se pregunta ¿en quién confiar ahora?

Un final que nos deja planteada la cuestión: ¿Qué es Verdadero Poder?Que cada uno responda según su agrado. Rebels, plotters, and spies.


Omegis camina por el bosque brumoso, sola, como presintiendo la liberación que ansía.

Y yo también me retiro por el momento. Si alguien llegó hasta aquí, felicitaciones. Sólo me queda dejar esta puerta… hacia el comienzo de la aventura:

http://www.youtube.com/view_play_list?p=8C05CBB970237E41